En el campo de la actividad física, la zona de confort es aquella en la que los entrenamientos se realizan a intensidades relativamente controladas, cómodas y que no suponen un gran esfuerzo. Se trata de ejercitarse a ritmos que para nosotros son fáciles de mantener. Con lo cual, si se quiere entrenar “en serio”, deberíamos hacerlo siempre fuera de esta zona.

Para identificar los momentos en los que estamos trabajando fuera de ella, tendremos que notar que el ritmo al que estamos acostumbrados a mantener ya no es el mismo, nos cuesta trabajo mantenerlo y nuestra respiración es más forzada. Aparecen pequeños dolores ya olvidados y mantener una conversación es ya misión imposible. Cada uno sabe perfectamente qué sensaciones tenía entrenando antes y cuáles son las que percibe ahora, por lo que no es difícil saber cómo no se debe seguir actuando si se quiere mejorar.

Otra forma de medir con más exactitud si estamos entrenando realmente es realizando una prueba de esfuerzo para conocer nuestros umbrales aeróbicos y anaeróbicos. A partir de ahí sabremos en qué rango de pulsaciones deberíamos entrenar.

Salir de nuestra propia zona de confort y subir la intensidad (de forma controlada) tiene muchos beneficios. Mejorará todo nuestro estado físico, velocidad, resistencia, potencia, etc. Todo esto requiere un tiempo, se tiene que dar una progresión para acostumbrar al organismo a las nuevas intensidades y cargas.

También es importante realizar bien las recuperaciones ya que nuestro cuerpo hasta ahora no estaba acostumbrado al nuevo ritmo de trabajo. Si no respetamos estos aspectos pueden llegar a producirse lesiones. Suele ocurrir, incluso, que en vez de mejora, acumulemos fatiga, dando lugar a un sobreentrenamiento.

Si no se tiene suficiente experiencia y se desea mejorar, siempre es aconsejable contar con un entrenador personal. Él os guiará y trazará un plan de entrenamiento progresivo y adaptado a vuestros objetivos También os frenará para evitar lesiones hasta que realmente estéis preparados para dar un paso más.

Dependiendo de la persona, muchas veces no se cuenta con la suficiente fuerza de voluntad para salir de su zona de confort y no logrará mejorar. En este caso la figura del entrenador personal es de mayor importancia aún.

Como casi siempre y por desgracia, el que algo quiere algo le cuesta. Y si queremos mejorar, sea cual sea nuestro objetivo, hay que entrenar en serio. Un poco de sacrificio siempre es necesario.